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Opinión
Los neoconservadores norteamericanos y el ideólogo Leo Strauss
Baltasar Porcel , La Vanguardia 27062003 27.06.2003
Un alud neoevangélico colmó Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX, los predicadores se multiplicaron por tres, nacieron nuevas iglesias como la mormona, y el exaltado pensador Henry James –padre del moroso y famoso novelista de igual nombre– decía, por ejemplo: “La democracia no es tanto una nueva forma de vida política como una disolución o desorganización de las antiguas formas”, “nuestras dimensiones políticas nos convierten en una tierra de refugio para todos los materialmente oprimidos de la tierra”. Revelaba, todo ello, el asentamiento del país tras su independencia. Y tras el abismo de las Torres Gemelas, los neoconservadores actuales ¿representan algo semejante, una imperiosa necesidad de afirmación, con Estados Unidos ya transbustanciados en el mismo Dios, Bush de sumo sacerdote? Por cierto, el desescombro en la “zona cero” neoryoquina continúa, se preparan los cimientos del gran rascacielos proyectado.
Los “neocons” que inspiran a Bush, Rice, Rumsfeld, y que señalaba ayer, parten de un ideológo fallecido hace 30 años, Leo Strauss, judío alemán, que creía que el racionalismo igualatario del XVIII había conducido al nazismo y al comunismo, ante lo que oponía un derecho natural, un esencialismo referido al bien y al mal, por lo que había que imponer el bien incluso a tiros: “Para que las democracias occidentales estén seguras, hay que convertir el planeta entero en democrático”. Apenas nos hemos alejado de James... Algunos seguidores de Strauss, hoy decisivos en la Casa Blanca, son el equipo del American Enterprise Institute, como los especialistas en estrategia T. Donnelly, en terrorismo M. Ledeen, en la OTAN J. Muravchik, en defensa D. Pletka. Están monstruosamente encantados con el atentado del 11-S, que comparan al holocausto y que “prueba que nuestras ideas son las buenas”, dicen, y rechazan la antigua y pragmática “realpolitik”. Y con ellos están muchos más, como los directores de las revistas “Commentary”, N. Podhoretz, y “Weekly Standard”, B. Kristol, quien afirma: “El mundo no tiene alternativa: es nuestro liderazgo o es el caos”.
Un editorialista de “The New York Times” ha escrito: “Si 25 personas cuyo nombre conozco hubieran sido exiliadas a una isla desierta, no hubiera habido guerra de Iraq”. Y un catalán influyente en el partido republicano me confiesa: “Para que Catalunya tenga una personalidad en Estados Unidos hace falta una gran idea motriz y ahora más nunca, yo la conozco: demostrar o imponer que Colón era catalán”. ¿Y por qué no Jesús?
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