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Opinión


Bullying (el contexto escolar)
Arturo Delgado Santos 11.05.2008
www.el-refugio.net



En el bullying participa el bullie o agresor, el acosado o la víctima, y el contexto en donde se desarrolla: la institución escolar.

Sabemos que en este fenómeno de violencia social interactúan múltiples factores, el contexto escolar es uno de ellos, y puede contribuir a que se exacerbe o a que disminuya la expresión del mismo.

La primer pregunta que nos planteamos es ¿hasta dónde se encuentran preparados los centros escolares para afrontar una problemática de esta naturaleza?

Creo que la sociedad y la escuela como institución, se encuentran en el inicio de un reconocimiento del bullying como fenómeno y problemática grave que requiere atención.

Esta necesidad por reconocer la existencia del fenómeno inicia con un cuestionamiento cuantitativo por saber, con base a estadísticas, cuál es la proporción de la población estudiantil que se ve afectada por este comportamiento.

Además de la incidencia, otro tema que inquieta desde el enfoque escolar, y que posee un carácter cualitativo, es la naturaleza del fenómeno bullying. Tratándose de una expresión de violencia social, su naturaleza nos remite al carácter humano y ético del comportamiento, ya que desde una perspectiva crítica, el bullying cuestiona nuestros sistemas de formación y desarrollo, especialmente a la institución familiar y a la escolar, así como a la sociedad en general.

En esta tríada compuesta por el agresor, la víctima y el contexto escolar, la escuela no es un simple escenario donde se importa, desde el ámbito familiar, el fenómeno bullying.

Pareciera en una primera impresión que la escuela es la sede para la importación o transferencia de este fenómeno. En esta concepción del bullying, el acosado y el acosador, traen consigo al ambiente escolar, un conjunto de patrones de interacción agresivos que se actualizan en el ámbito escolar.

Sin embargo, en la literatura sobre los factores escolares asociados al bullying, podemos decir que ciertos centros escolares favorecen, sin proponérselo, el comportamiento violento.

¿Hasta dónde una escuela puede convertirse en una fábrica de violencia? Dar respuesta a una inquietud como ésta, requiere de investigaciones que permitan documentar la influencia que la institución escolar es capaz de tener sobre el comportamiento violento.

Sin embargo, se han detectado algunos factores como lo son: (1) La masificación de estudiantes en el aula, en donde el salón de clases se vuelve un espacio de hacinamiento, lo que puede generar fricciones entre los alumnos. (2) La carencia de normas de comportamiento claras para los alumnos. Las normas establecidas requieren describir lo que esta permitido y lo que no, deben ser transparentes, explícitas, y es importante que tengan sentido para el alumno, de tal manera que se éste se apropie de las mismas. (3) La orientación autoritaria versus la democrática de los profesores. La escuela tradicional tiende a desarrollar docentes con estilo autoritario, y el autoritarismo impositivo tiende a generar actitudes de sumisión y rebeldía, esta última puede generar una actitud de resistencia oposicionista, que en algunos casos puede deslizarse hacia un comportamiento violento.

Otros factores escolares asociados con la violencia son: (a) Falta de motivación así como de estrategias efectivas para abordar los problemas de comportamiento del alumnado. El docente requiere de una capacitación sobre el tema del acoso escolar, que implique una sensibilización sobre la relevancia del mismo, así como el poder desarrollar estrategias para abordar adecuadamente la problemática. El docente necesita contar con competencias profesionales para el manejo del comportamiento y la disciplina en el aula. La falta de motivación por parte del maestro en el manejo de estos aspectos puede resarcirse en la medida que cuente con mayores recursos y herramientas para la atención de este tipo de casos. (b) El trato desigual a los alumnos por parte del profesorado. Dar privilegios a unos en detrimento de otros puede generar un sentido de trato injusto. No es recomendable tener alumnos consentidos y otros rechazados o discriminados abierta o implícitamente. Crea esto una percepción de injusticia que genera rebeldía y oposicionismo. (c) La existencia de dobles mensajes en el aula. La comunicación del docente hacia el alumno debe ser efectiva y clara, un docente que exhorta a sus alumnos al compañerismo y colaboración entre ellos, pero las actividades escolares que aplica son altamente competitivas, cae en contradicción y su mensaje se vuelve confuso y poco efectivo. Lo mismo ocurre cuando en su discurso el docente se manifiesta en contra de la violencia, sin embargo, permite y ve con naturalidad las situaciones de maltrato y agresión entre los alumnos.

Los programas orientados a la prevención de problemas de conducta en la escuela, requieren retomar ciertos aspectos que quiero mencionar: (1) El docente debe fomentar y transmitir en el aula actitudes y valores de democracia y civilidad, es decir, se necesita formar ciudadanos capaces de convivir sin violencia y ser respetuosos de las leyes. (2) Desarrollar espacios y momentos que les permitan a los alumnos reflexionar sobre su comportamiento en el aula, es decir, desarrollar acciones que faciliten el insight, el autoconocimiento y autoreconocimiento propio. (3) Realizar actividades donde sea predominante la cooperación entre iguales más que la competencia entre éstos. El aprendizaje cooperativo permite una interacción mutua y propicia el desarrollo de la empatía. Estas actividades cooperativas también facilitarán la integración social de los alumnos que han sido objeto de victimización así como de rechazo escolar. (4) Las expectativas de los profesores hacia a sus alumnos es otro factor relevante respecto al comportamiento violento. Cuando las expectativas son altas generan motivación en el alumno, mejoran no sólo el rendimiento académico sino además previenen de comportamientos agresivos en el alumnado. Desde esta perspectiva, requerimos profesores cuyas expectativas sean positivas, se muestren agradables y amistosos, interesados por ser facilitadores para que el alumno descubra su propio potencial; docentes que subrayen el elogio más que la crítica mordaz, el respecto y la atención más que el sarcasmo y la indiferencia.

Debemos revisar detenidamente qué ocurre con la institución escolar, así como con la familia, y con la sociedad que es cada vez más violenta. Creo que espacios como éste son valiosos porque nos permiten reflexionar y buscar respuestas y alternativas para mejorar la convivencia entre los niños y adolescentes. Recordemos que aprender a convivir es precisamente, de acuerdo con la UNESCO, uno de los pilares de la educación.

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