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Opinión


Condena por laxitud en la educación
José Antonio Burriel. Abogado y periodista 24.03.2008
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Un menor de 14 años arremete a un compañero del Instituto y le rompe dos dientes, además de otras agresiones físicas. Ahora, la Audiencia de Sevilla condena a la madre del agresor a pagar 14.000 euros para pagar la reconstrucción de los dientes del agredido.

La madre en un principio y con el fin de desviar su responsabilidad acusaba a la dirección de centro educativo por no hacer “labores suficientes de vigilancia” de los alumnos. A este respecto la sentencia de la Audiencia responde que, al tratarse de “adolescentes que cursan estudios secundarios, no es precisa una labor de control y vigilancia tan rígidos”.

La condena de la Audiencia Provincial de Sevilla aduce para la condena de la madre –pagar el tratamiento del agredido- los siguientes argumentos: laxitud y tolerancia a la hora de educar al hijo; la brutalidad e intensidad de la agresión evidencian “una falta de inculcación o asimilación de educación y moderación de costumbres en el agresor hara la convivencia en valores”; la “conducta violenta y excesiva significa que las tareas educativas correctoras ejercidas por los padres no han fructificado, bien por la laxitud a la hora de inculcarlas o bien por la tolerancia en corregir las manifestaciones violentas”.

Estamos ante un toque de atención judicial a los padres en la educación de los hijos. Con frecuencia y por desgracia algunos padres, demasiados, se encogen de hombros en la educación de los hijos dejando todo en manos del centro educativo. Craso error, pues la responsabilidad primaria y esencial de la educación de los hijos recae en los padres. Y, cuando algunos padres no quieren asumir su responsabilidad educativa, la laxitud –“manga ancha” para entendernos- y la tolerancia –“ancha es Castilla” también para entendernos- se adoptan como normas “educativas” y los hijos campan a sus anchas con los efectos condenados en esta sentencia o con otros similares.

Los centros educativos tiene su responsabilidad en la educación, pero los padres también, y una responsabilidad aun mayor. La ausencia de disciplina en el hogar, la permisividad ante cualquier conducta, el no corregir adecuada y oportunamente causas actitudes violentas, carencia de valores y, en definitiva, un daño a los menores que puede llegar a ser irreparable.

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