El sueño del kamikaze adolescente. La lucha de un psiquiatra palestino contra el imparable deseo de los adolescentes para morir como “mártires”
Henrique Cymerman, La Vanguardia
12.11.2003
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JERUSALÉN. – “En Gaza hemos producido una generación de niños que no saben ni son capaces de sonreír. Ellos son los futuros hombres bomba, terroristas, guerrilleros, como se quieran llamar. Si hoy no les damos una solución de forma psicológica, social, económica y política mañana ya será muy tarde”, afirma a “La Vanguardia” el psiquiatra palestino Eyad El Sarraj, de 59 años, activista para los derechos humanos y director general de los servicios psiquiátricos en toda la franja de Gaza.
“La psicología judía –afirma El Sarraj– está dirigida por un sentimiento ancestral de miedo, de las épocas de las persecuciones y del holocausto. En los palestinos, reina el sentimiento del desagravio.” Y añade: “Y de la injusticia que afecta a los palestinos desde la llamada A Nakba, la tragedia, es decir, la creación del Estado de Israel”.
En los servicios psiquiátricos de la franja de Gaza, donde habitan 1.300.000 personas (45 por ciento de ellos menores de 15 años) hay numerosos casos en los que jóvenes confiesan que su sueño es convertirse en un mártir suicida en Israel. De hecho, según un estudio dirigido por Sarraj entre centenares de niños palestinos de 12 años, un 24% dijo que la máxima aspiración y deseo en la vida es convertirse en “shahids”, mártires kamikazes.
“Yo no estoy de acuerdo con los suicidas, pero yo no les puedo tocar porque son personas ya santas y glorificadas por toda la sociedad. Cuando un joven paciente me dice que quiere morir matando, expreso la idea de que no tiene que morir, sino lo que tiene que hacer es vencer, por él mismo, por la familia, por la nación, por la humanidad.”
El psiquiatra, que mantiene estrechos contactos con movimientos pacifistas israelíes y que obtuvo ya varios premios en derechos humanos, dice: “Si nosotros frenamos los ataques suicidas dentro de Israel, estoy seguro y eso espero que Hamas y Yihad lo hagan, muchos israelíes se manifestarán en contra de su Gobierno para que haga la paz con los palestinos y poner fin a la ocupación”.
Los psiquiatras y psicólogos del centro de salud de Gaza creen que la muerte de centenares de niños y jóvenes durante la “intifada” y los más de 5.000 heridos han hecho que muchos chicos y chicas llegaran a la conclusión de que sus padres no pueden hacer nada para protegerles. La escena de Mohamed A Dura, muerto en los brazos de su padre en el segundo día del levantamiento, el 30 de septiembre del 2000, marcó a muchos jóvenes.
Sarraj cree que el sitio y la humillación a manos del Ejército israelí contra el “padre de la nación” palestina, Yasser Arafat, ha contribuido a esta sensación de vulnerabilidad. “Te puede gustar o no Arafat, puedes estar de acuerdo o no con él, pero él es el padre de la nación.” Según las investigaciones, cuando la imagen del padre como símbolo de poder es destrozada, éste es reemplazado por los únicos hombres fuertes, los militantes armados de Hamas y Yihad Islámica. A esto se añade el sentimiento de inseguridad –provocado por la demolición de viviendas (sobre todo de los familiares de kamikazes)– que hace revivir el trauma original de perder sus casas.
Visitamos a la familia Hwitti, del barrio de Daraj, en Gaza, cuya madre, Mona, y dos hijos, Subje y Mohamed, de 5 y 6 años, murieron en un “asesinato selectivo” israelí el 22 de julio del 2002. El jefe del brazo armado de Hamas, Salaj Shjade, responsable de la muerte de centenares de civiles israelíes en atentados, se escondía entre civiles sin que nadie fuera consciente de ello. A medianoche, un caza F-16 israelí lanzó una bomba contra el edificio donde estaba Shjade y provocó su muerte inmediata pero también la de 15 personas más, entre ellos 9 niños.
Hasta esa noche, Jihad, de 14 años, el mejor alumno de su clase, quería estudiar Medicina. Ahora, tras perder a su madre, enseña cómo preparó en el ordenador un fotomontaje en el que convierte a sus dos hermanos muertos en niños-bomba y afirma que su sueño es ser un kamikaze.
Su padre, Mahmud, subraya que está de acuerdo y que su hijo tiene derecho a elegir su destino. Según él, desde el ataque israelí sus otros cinco hijos y muchos chicos más del barrio “perdieron el apetito, se convirtieron en violentos, tienen pesadillas por las noches y rechazan ir al colegio”. Mahmud se ha vuelto a casar y tiene un bebé que se llama Mohamed, como uno de sus hijos muertos. Dice que desea lo mejor para el bebé, “pero si decide ser un mártir, no se lo impediré. Así llegará al paraíso, se reencontrará con sus dos hermanos, gozará de la vida eterna al lado de Alá, y se casará con 72 vírgenes”.
“Hay que entender que ésta es una sociedad que vive en traumas continuos sin solución desde 1948”, explica Sarraj. Dice que muchos niños palestinos sufren pesadillas en las noches y un 35% se orina en la cama esporádicamente hasta los 15 años. “De día muchos rechazan ir al colegio ya que temen que cuando vuelvan a casa, ya no haya ni casa, ni padre ni madre”, confiesa.
Al despedirse, el psiquiatra señala que “hay indicios de que la situación mejorará, ya que incluso el jefe del Estado Mayor de Israel ha criticado hace unos días la política del Gobierno en Gaza y Cisjordania”.
“La tregua también es posible sobre todo porque los líderes de los grupos integristas palestinos están cansados de vivir en la clandestinidad por miedo a los helicópteros y aviones israelíes”, reconoce. Y advierte que “si la falta de esperanza continúa, habrán largas colas de hombres bomba palestinos y árabes, y su inmolación será la respuesta a lo que consideran una humillación a manos de Israel y de Occidente”.
“Me da igual el sionismo o el nacionalismo palestino, lo que me interesa son los derechos humanos. Muchos israelíes luchan por ello, luchan más que en el mundo árabe y por eso les considero mis héroes”, sentencia.
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