'La jungla enmoquetada', de José Manuel Vilabella
Laura Martínez, europa press, 08.09.2003
19.09.2003
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La vida en la oficina
¿Pretende ser 'La jungla enmoquetada' (Alianza Editorial) una especie de guía para sobrevivir en la oficina¿ Intuimos que la intención de José Manuel Vilabella (Lugo, 1938) es que así sea ya que, en su última novela, describe con total precisión la jornada laboral y a los "moradores" de esta particular jungla enmoquetada que se cita en el título.
Sin embargo, las casi 240 páginas del libro pueden dividirse en dos partes bien diferenciadas: en una primera, como hemos comentado anteriormente, se enumeran las características de los "pobladores de la jungla": el becario, la secretaria, el adulador, el chupatintas, el jefe... Todos ellos se dan cita en la oficina y desempeñan su función "ya que en la oficina nada de lo que ocurre es casual, todo obedece a una estrategia cuidadosamente estudiada".
¿Han leído esta frase? No se preocupen: el autor repite esta idea cuantas veces haga falta, sin cambiar siquiera el orden de las palabras. Y ahí radica uno de los principales problemas del libro: lo que al principio puede llegar a hacer gracia, se convierte en cansancio a fuerza de repetir constantemente.
No abandona Vilabella en esta primera parte el 'típico tópico' a la hora de definir: las secretarias siempre son bellas, los becarios tímidos, los empleados ambiciosos o vagos, los directores paternalistas o extranjeros. Vilabella busca una complicidad en el lector que no llega a ser tal a fuerza de repeticiones y tópicos.
Afortunadamente, el escritor gallego introduce unas pinceladas de realidad que dan más credibilidad al relato. Vilabella recrea para el lector una empresa ficticia (Multinacional S.A.) con su director (don Armenio), su secretaria (Margarita) y sus empleados (Mínguez, Murillo, Requejo) y entremezcla sus experiencias diarias con anécdotas sobre Mario Conde, Ana Patricia Botín o don Pablo de Garnica (ex presidente de Banesto) así como referencias a estudios estadounidenses sobre la empresa y las leyes de mercado.
Entre líneas, el escritor también realiza constantes críticas a la burocracia, al sistema laboral actual que dificulta el acceso de los jóvenes y facilita la caída de los cincuentones, a los yuppies, y así nos vamos adentrando en una segunda parte en la que, habiendo definido el 'percal' que habita en la oficina, Vilabella ahonda en la trayectoria de la empresa, en la contratación de los empleados, en la realización de cuadrantes, en las jubilaciones, en los temidos despidos y en la inevitable quiebra.
Esta segunda parte ofrece una visión más serena de los hechos, rebaja el número de repeticiones e introduce casos de actualidad al mencionar el acoso laboral o 'mobbing'. Vilabella trufa su relato con frases más cercanas a la prosa poética como cuando desgrana con total melancolía y belleza la petición de permisos o menciona a los amigos que uno hace en el trabajo.
Desgraciadamente, el glosario de términos con el que finaliza el libro vuelve a provocar en el lector la sensación de "esto ya lo he leído antes". Y así es: Vilabella reproduce sin pudor frases exactas causando la impresión de que el tema no daba para más, de que las gracias eran las justas y de que había que terminar el libro en la página 239 cuando podía haber finalizado cien páginas antes.
El lector que quiera una lectura entretenida para afrontar el regreso vacacional encontrará en 'La jungla enmoquetada' lo que busca. El resto, puede abstenerse.
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