Las bajas por trastornos psíquicos suponen cada año más de 460.000 jornadas perdidas
L Gancedo
22.02.2009
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El estudio de dos economistas aboga por prestar atención especial al control de casos de depresión y ansiedad l El «mobbing», entre las primeras causas
UGT y CC OO, contrarias a potenciar las mutuas l Quirós, consejero de Salud: «Hay que procurar bajas ajustadas»
Oviedo, L. GANCEDO
La gripe y el lumbago son las dolencias que con más frecuencia fuerzan las situaciones de incapacidad laboral transitoria de los trabajadores asturianos, sean asalariados o autónomos. Pero los trastornos psicológicos tienen también, por la duración de las bajas, un peso muy relevante en los índices de absentismo por enfermedad, según da a entender el estudio que, por encargo del Principado y a instancias de la patronal FADE, elaboraron el pasado año los profesores César Rodríguez y Juan Francisco Canal, del departamento de Economía de la Universidad de Oviedo. Las bajas laborales por depresión, ansiedad y otros procesos de parecida naturaleza supusieron 466.654 jornadas perdidas por los asturianos durante 2007, se destaca en el mismo documento.
La FADE acaba de reavivar la discusión sobre la necesidad de contener el absentismo en Asturias proponiendo que las mutuas adquieran un mayor protagonismo en el control de las bajas, de manera que sean sus médicos, y no los del Servicio Público de Salud, quienes decidan las altas en los casos de enfermedad común. La patronal que preside Severino García Vigón ha hecho tal planteamiento al calor del comentado estudio, cuyas conclusiones vienen a indicar que, como dice la patronal, los indicadores de absentismo son peores en el Principado que en otras regiones, pero también que en los últimos años han mejorado los resultados de la región.
Uno de los capítulos del informe de Rodríguez y Canal determina lo siguiente sobre las dolencias que están detrás de las bajas laborales por enfermedad: «Los datos del Servicio Público de Salud han evidenciado la importancia de los trastornos de tipo psicológico en relación al total de enfermedades generadoras de los procesos de incapacidad temporal en Asturias». Y se añade que cuatro dolencias de este tipo -asociadas a la depresión y a la ansiedad- generan el 6,29 por ciento de todas las bajas que tramitan los servicios públicos y casi el 12 por ciento del conjunto de las jornadas perdidas por los afectados.
Como también recoge el estudio, los trastornos psicológicos han cobrado gran importancia en los últimos años en los procesos de bajas laborales. Rodríguez y Canal no se detienen en ello, pero otros estudios, algunos de ellos vinculados a los sindicatos, destacan que entre las primeras causas del absentismo por enfermedad psíquica están el acoso laboral («mobbing») y, en general, ciertos problemas en las condiciones de trabajo (jornadas indebidamente largas, mal ambiente laboral...).
El estudio de los profesores universitarios repara en que el absentismo por razones psicológicas tiene un riesgo potencial de fraude o de prolongación a veces indebida de las bajas. Rodríguez y Canal hacen, con un reconocible tono de cautela, la siguiente recomendación: «Si bien la mayoría de estas bajas laborales tiene justificación, sin duda este tipo de enfermedades deberían ser objeto de una atención especial por parte de la Inspección Sanitaria para tratar de evitar las conductas irregulares». Las duraciones medias de las bajas por depresión y ansiedad son, respectivamente, de 72 y 53 días.
La propuesta de la patronal FADE de dar mayor poder a las mutuas en el seguimiento de los procesos de bajas por enfermedad desencadenó ayer rápidas y fuertes críticas de las direcciones sindicales de UGT y CC OO. Las centrales asturianas calificaron de «regresiva» la posición de FADE y remarcaron que el absentismo guarda más relación con la precariedad laboral y la inseguridad en el trabajo que con posibles comportamientos fraudulentos.
La organización que preside Severino García Vigón ha sugerido, en concreto, que las mutuas asuman la labor de dar las altas en los procesos de baja por enfermedad común, competencia que ya tienen en los supuestos de dolencias profesionales o accidentes. La patronal entiende que, liberando a los médicos del sistema público de la responsabilidad de enviar a los pacientes a trabajar, se podrían evitar casos de prolongación injustificada de las bajas y, por tanto, ahorrar costes a las propias empresas y a los trabajadores, cuyas aportaciones sostienen la cobertura de las situaciones de incapacidad temporal.
«Reducir el absentismo no se logra obligando a los trabajadores enfermos a incorporarse al trabajo antes de que sea conveniente, sino mejorando el entorno laboral para evitar que enfermen», señaló Jeremías Dos Santos, secretario de Salud Laboral de CC OO-Asturias. Y añadió sobre la propuesta referida a las mutuas: «Antes que perseguir al trabajador, la obligación de las mutuas es erradicar el daño que se le está haciendo a su salud».
Pedro García, responsable de políticas de empleo de UGT-Asturias, recordó que la presión sindical ya frenó en 2002 una ley del gobierno del PP de entonces para reforzar el papel de las mutuas. «Estamos dispuestos a hablar de absentismo con los empresarios, pero hablando de sus causas: las malas condiciones de trabajo, los contratos precarios, las jornadas excesivas, las listas de espera en la sanidad...». García llegó a decir que el planteamiento de FADE «suena inmoral». «Lo es que los empresarios pretendan que las bajas las controlen médicos pagados por ellos». El dirigente ugetista incidió también en que la petición de la patronal «pone en duda la independencia y profesionalidad de los médicos de la sanidad pública».
El consejero de Salud del Principado, Ramón Quirós, no se manifestó contrario a la propuesta de FADE, aunque tampoco la apoyó explícitamente. Si comentó que el interés por «evitar abusos» es «una preocupación que compartimos muchos». «Hay que procurar que los trabajadores tengan bajas ajustadas», apostilló Quirós.
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